El reloj y el mazo En la arena política, el poder a menudo se mide por la fuerza del mazo. Pero en una República, el verdadero poder reside en el respeto al tic-tac del reloj. La reciente sentencia de la Primera Sala Constitucional en el caso de Salvador del Solar es un recordatorio contundente de esta verdad olvidada: que ni siquiera el Congreso de la República , con todo su estruendo y su mazo, puede detener el tiempo ni ignorar el sonido de un plazo cuando este ha expirado. El caso era un laberinto de absurdos. A Del Solar se le perseguía por una infracción constitucional cuyo plazo para ser sancionada había vencido el 30 de setiembre de 2024. Sin embargo, el Congreso, en un acto de amnesia selectiva, continuó con el juicio político , ignorando sus propios informes y precedentes que, en casos de excongresistas amigos o de menor calibre mediático, habían aplicado la caducidad con la velocidad de un rayo. La ley, al parecer, tenía un calendario para unos y un tiempo elástico, casi i...
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El juicio del «dime con quién andas» Después de una década de dimes y diretes, dos absoluciones que olían a cosa juzgada y más giros que una telenovela, la justicia peruana finalmente ha parido su veredicto en el caso Bermejo . Y, ¡qué criatura tan extraña! Una condena que se lee menos como un acto de certeza jurídica y más como el guion de un reality show donde el premio es una celda en un penal. La Sala, harta de tanto empate, decidió que a la tercera no iba la vencida, sino la condenada. El caso entero parece extraído de un manual de chismes glorificado a prueba judicial. La acusación se sostiene en un coro de colaboradores eficaces , esos personajes tan nuestros que cantan la melodía que el fiscal les pone en el pentagrama a cambio de un descuento en su propia condena. Nos cuentan historias de viajes a campamentos místicos, de adoctrinamientos secretos y de un misterioso USB que, al parecer, contenía los planos para dominar el mundo. Un relato fascinante, digno de Netflix, con un ...
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La motosierra del Dr. Ochoa y sus colegas Hay fallos que no solo resuelven un caso, sino que revelan el alma de un tribunal. La Sentencia 185/2025 , con ponencia del magistrado Ochoa Cardich y el respaldo de una ajustada mayoría, es una de esas radiografías institucionales. Nos muestra un Tribunal Constitucional que, embriagado de su propio poder, ha decidido que la mejor forma de operar un tumor es con una motosierra, sin importar que en el proceso se ampute al paciente. El diagnóstico de la ponencia era innegable: el proceso penal contra Keiko Fujimori era un monumento a la disfunción. Una década de investigación sin superar la etapa intermedia y una acusación fiscal remendada diecinueve veces constituían, en efecto, una violación del plazo razonable. Y sí, imputar retroactivamente la modalidad de « receptación patrimonial » era un abuso del principio de legalidad. Hasta aquí, el bisturí del análisis era preciso. El problema es que, para la cura, Ochoa y sus colegas Domínguez...